miércoles, 21 de junio de 2017

PALABRAS CLAUSURA CURSO 16/17

Queridos  alumnos y alumnas de segundo de bachillerato, tengo el inmenso de honor de ser la profesora que os dirija las que van a ser las últimas palabras de esta etapa académica que hoy formalmente clausuramos. Años a los que estamos poniendo un punto y final y que pasarán a convertirse en una estela de recuerdos que os acompañarán toda la vida, porque los años de instituto son unos de los que con más firmeza se asientan en la memoria y, por lo general, con mucho cariño, quizás porque caminamos con poco peso encima todavía, porque convivimos entre las amistades de toda la vida, en nuestro barrio o en nuestro pueblo, en definitiva, con compañías y en espacios familiares que a partir de ahora se amplían y distancian. Así que es normal que ahora sintáis la incertidumbre del futuro que tenéis que iros fraguando y para el que ya habéis echado papeletas.

No estaría de más que encaminara estas palabras hacia el recordatorio de lo que la sociedad demanda hoy en día de vosotros, tanto y variado como para ser competentes en la gestión colectiva e individual de este mundo tan apasionante como chocante, tan conmovedor como disparatado,  tan estimulante como deprimente.  Dicen que los más compatibles serán los que abarquen las capacidades del emprendimiento, de la creatividad, la autonomía y las dotes sociales, dominen las TIC y los idiomas, se adapten fácilmente a los ambientes laborales, no tengan inconvenientes en hacer la maleta hacia cualquier lugar y en cualquier momento. Pero también debe haber hueco para otros perfiles, y si no lo hay, que tengáis ansias y fuerzas para escarbarlo.

No sobrarían unas palabras emotivas que aludan al esfuerzo que todos hemos realizado este curso, al gusto mío particular y ojalá que compartido de haber aprendido juntos en el Caura, que con todas sus limitaciones, carencias e incomodidades, ha sido nuestro techo. Unas palabras que recuerden que el sentido que tiene esta profesión sois vosotros y que yo he tenido la suerte de tener en el cuaderno de notas a todos vuestros nombres y vosotros en vuestro horario de cada curso el de unos profesores y profesoras que comparten el principio de esta profesión: enseñar para hacer mejores personas.

Pero no me voy a dilatar porque la canícula que padecemos desde hace días no merece más abnegación que la que estamos pasando y todos estamos deseando de lanzarnos a la barra. Por eso me voy a despedir ya con unos versos muy directos y cargados de sentido, muchísimo más que todo lo que se me pueda ocurrir deciros  a mí. Sabéis de mi defensa de la Poesía y de mi lamento porque las escasas horas y el amplio temario de la asignatura no nos permita disfrutar y aprender con ella. Así que aprovecho y estas últimas palabras son un poema de Mario Benedetti titulado ¿Qué les queda por probra a los jóvenes? Añadirle a todos los sabios consejos del poeta uno particular: os queda por probar y saborear la Poesía, el lenguaje que más se emparenta con el matemático. El lenguaje de la ciencia y el de la poesía surgen de la misma necesidad de comprender el mundo, el de la ciencia el mundo exterior y de alrededor, el de la poesía el mundo íntimo de las emociones y de la conciencia. Ambos resuelven la complejidad del universo y del ser humano, parten de la intuición y la curiosidad, nos conducen hacia lo inesperado y estimulante. Es el lenguaje poético el que iguala la conmoción de igual a igual por la ciencia y el arte. Y si os dais cuenta, el punto de partida de la poesía es más científico que la ficción de la que parten los sueños científicos, porque sale de esa coctelera físico-químico-intelectual que es el ser humano. Probadla, porque os aseguro que también allana y resuelve el camino. 

  
¿Qué les queda por probar a los jóvenes

en este mundo de paciencia y asco?
¿Sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
También les queda no decir amén,
no dejar que les maten el amor,
recuperar el habla y la utopía,
ser jóvenes sin prisa y con memoria,
situarse en una historia que es la suya,
no convertirse en viejos prematuros.

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de rutina y ruina?
¿Cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
Les queda respirar, abrir los ojos,
descubrir las raíces del horror,
inventar paz, así sea a ponchazos,
entenderse con la naturaleza
y con la lluvia y los relámpagos,
y con el sentimiento y con la muerte,
esa loca de atar y desatar.

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de consumo y humo?
¿Vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
También les queda discutir con Dios,
tanto si existe como si no existe,
tender manos que ayudan, abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno.

Sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines del pasado
y los sabios granujas del presente.


Mario Benedetti

Muchas gracias, y mucha mucha suerte. Salud y éxitos para todos. Os quiero mucho. 

Y ahora que suene el himno.  



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